Lo perseguía, lo buscaba, y no paraba de mirarlo. Era como si caminara a su lado observando los movimientos.
Serían las 12 de la noche y se disponía a irse a la cama. Apagó la luz del hall y caminó hasta la habitación, todo estaba oscuro excepto la zona donde se encontraba el espejo, iluminado por un pequeño foco. Se miró un momento y no vio su reflejo, allí estaba su sombra…
La cara del viejo expresaba angustia y no sabía qué ocurría, de repente… ¡plaff! Se puso en su lugar, ¡increíble!, como si lo hubiese borrado de la realidad. Él ya era el otro, el auténtico, y este era él.
Toda la vida lo había espiado a través del pequeño espejo de la entrada, y por fin lo consiguió, cambió los papeles y se cambiaron las mentes. Siguió el camino que el otro había marcado, el camino verdadero, le arrebató su futuro y con ello lo que es más importante, la vida.
Todo por culpa de aquel genio maligno, que atrapado en el sótano de la casa sin poder hablar ni desatar su furia, copió y pegó.



